domingo, 18 de agosto de 2013

Una inmigrante que llega a España




"Llega una nueva oleada de inmigrantes en balsas de juguete"
José Luis Pinilla,
José Luis Pinilla: "Donde ya no llegan las palabras...siempre llegarán las lágrimas"
Una inmigrante que llega a España

     (José Luis Pinilla sj).- Aunque estemos de vacaciones. O precisamente por eso, cuando las voces públicas parecen más apagadas y no hablan más que de sus preocupaciones "personales", es necesario seguir levantando la voz porque el corazón se ahoga ante las noticias de las nuevas llegadas de emigrantes.

En balsas de juguete (aunque uno no sabe si los auténticos juguetes del viento son las personas que en ellas se embarcan) llega una nueva oleada de inmigrantes. Muchos irán desde el mar a seguir bregando en los CIES abarrotados de Algeciras y Tarifa. ¿No hay otras alternativas?
 
Están llamando a la puerta preguntandonos como recordaba recientemente el Papa en Lampedusa "Donde está tu hermano? El mismo Papa de la bondad nos invitaba a pedir al Señor "la gracia de llorar sobre nuestra indiferencia, sobre la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que abren el camino a dramas como este. ¿Quién ha llorado? ¿Quién ha llorado? ¿Quién ha llorado hoy en el mundo?"


¿Quién podrá responder esas preguntas? Lloremos por lo menos. Donde ya no llegan las palabras... siempre llegarán las lágrimas. Dice Benedetti que la luna cuando perdió su gran amor "tejió con sus innumerables lágrimas un manto que le arrancara el frío que vino a habitarle el alma, pero ese frío era tan insondable como el tiempo, y nunca desapareció, más aun, se convirtió en compañero eterno de su andar".

Porque las lágrimas expresan una patética moral que se indigna y sufre, y que es lo mínimo a expresar desde nuestra condición humana; "No es despreciable, pero sólo es el comienzo, dice el buen teólogo J. Ignacio Calleja, profesor de Moral Social en la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz, que continúa así: "Esto daría para una reflexión con muchas claves y responsabilidades, pensando en sus países y en los nuestros, en sus vidas y en nuestros modos de vida. Si estos pueblos y gentes los aceptamos como iguales a nosotros, si aceptamos la igualdad de las personas y los pueblos en la única familia humana , ¡pienso moralmente!, y si pensamos en los modos de vida y consumo de toda la humanidad desde la satisfacción de las necesidades más básicas de todos, ¡pienso económicamente!, hay que cuestionar a fondo "modos de vida" y "principios jurídicos de derecho internacional" que los Estados, y sus ciudadanos más "desarrollados", utilizamos con ventaja y con la mejor conciencia".

Aunque "esos modos de vida y los principios jurídicos de derecho internacional" que los protegen produzcan crisis tan dolorosas y corrupciones tan lacerantes como las actuales. Quizás - perdonadme la ironía- los últimos 200 emigrantes también vienen buscando nuestra crisis y nuestra corrupción. ¿Será porque huyen de otras peores?

La compasión ciertamente es la puerta primera que moviliza nuestra acción. La que nunca deberá dejar de ejercerse. Yo también siento mi corazón inundado de lágrimas. Y busco palabras que vayan más allá. Por ejemplo las que ya decía Juan Pablo II en 1999: «Tanto de manera individual como en las comunidades parroquiales, asociaciones y movimientos, los cristianos no pueden renunciar a tomar posición en favor de las personas marginadas o abandonadas. Deben participar en el debate de la inmigración formulando propuestas con el fin de abrir perspectivas seguras que puedan realizarse también en el ámbito político. La simple denuncia del racismo o de la xenofobia no es suficiente»

La simple denuncia es insuficiente. Así de claro. Son cerca de 200 emigrantes los que han sido recogidos en nuestras costas en el segundo fin de semana agosto. ¿Cuantos en las norteafricanas? ¿Cuantos están a la espera? ¿Cuántos son emigrantes de deseo?

Dicen que la armada inglesa acompañada por alguna fragata española se dirige a Gibraltar, y de allí al continente africano, con intención de reforzar la ayuda para estos hermanos nuestros.

Dicen que son solo buques-hospital los que han zarpado desde el puerto de Portsmouth y que en los otros barcos, italianos, portugueses y españoles, "de las espadas han forjado arados y de las lanzas, podaderas".

Los hermanos más débiles de la familia humana se han hartado de llorar y de tener el corazón frío

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