jueves, 15 de agosto de 2013

EN EL DIA DE LA ASUNCION


María , madre de mi Señor

María, nacida de la mirada de Dios
Primero es Dios, que fijó sus ojos en María. La mirada es creadora y misericordiosa. Existimos porque Dios nos ha mirado. María fue porque Dios la miró; fue inmaculada, porque Dios la miró con misericordia infinita, y fiel, enamorada, no conoció otra mirada; fue llena de gracia porque Dios la miró con amor desbordante; fue su madre porque Dios la miró con amor apasionado. María tenía bien entrañada esta mirada divina. Vivía a la luz de esta mirada. Se sentía traspasada por ella . Esta mirada la llenaba de verdad y de amor. En ella se veía a si misma , tan pequeña y tan vacía. Se veía nada. No sucumbía ante su propia realidad (razón, sentimientos, sentidos) porque a la vez se sentía infinitamente amada Era una nada a la que Dios miraba y sonreía. Era una nada amada. Era una criatura / corazón enteramente abierta y confiada.
C. Caritas 2001

Una reflexión acertada

Las grandes cosas ( Magnifica! ) no son otra cosa que haber llegado a ser madre de Dios. En ello, ha recibido bienes tan numerosos y grandes que ninguno puede comprenderlos hasta el fondo. Esa es en efecto la fuente de todo honor y felicidad, y por tal motivo (María)es una persona única dentro del género humano, elevada sobre todos y sin igual entre los seres humanos , teniendo en común con el Padre celestial un hijo,¡y qué hijo! Ella misma no puede darle nombre,! tan grande y sobreabundante es el don!, sino que ha de contentarse con desbordar de amor y fervor. Estas "grandes cosas" no se pueden expresar ni medir. Por tal motivo todo su honor se resume en una sola expresión: madre de Dios.
    Hablando de ella, dirigiéndose a ella, ninguno puede decir nada más grande, ni siquiera si supiese tantas lenguas cuántas son las hojas y los hilos de hierba, o si poseyera las estrellas del cielo o la arena del mar. Debemos reflexionar, pues, con recogimiento sobre que significa ser madre de Dios.
   Maía atribuye espontáneamente esta realidad a la gracia divina y no a su propio mérito, porque se trata de una gracia tan excelsa que ella no podía absolutamente ser digna de ella (R Laurentin, pg 171)

MARTÍN LUTERO (1483-1556)

María, hermoso lápiz 
(alabanza para una nueva letanía)

                                                           Parábola del lápiz

Hay una serie de cosas que hay que recordar acerca del lápiz.
— En primer lugar, todo lo que es bueno o verdadero yace dentro de él. Todas las cosas están dentro de María: el poder del Espíritu, la presencia de la Palabra escuchada y absorbida, e incluso su hijo que va a nacer, el larga­mente añorado por la esperanza, formado de su misma carne y huesos.
— En segundo lugar, un lápiz necesita ser afilado cuando se usa. Cuando pasamos a través de la vida, nos «consumimos».
— En tercer lugar, toda la razón de la existencia de un lápiz es dejar una marca. María dice con su presencia y su ser esa X que marca el lugar donde podemos encontrar a su hijo. Donde ella está, está el lugar privilegiado, la morada de Dios en el mundo.
— Y cuarto, un lápiz está siempre en mano de alguien. María y todos nosotroS escribimos icartas de amor al mundo de parte de Dios.
(M. Mckenna, María, sombra de gracia)

C CARITAS 2001

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