lunes, 21 de octubre de 2013

Mnr García Lahiguera, Obispo Promotor del Apostolado del mar 1968-72



LOS HOMBRES DEL MAR SON LOS GRANDES AUSENTES DE LA FAMILIA, DE LA SOCIEDAD Y DE LA IGLESIA
Exhortación pastoral de monseñor García Lahiguera,
MIÉRCOLES, 10 JUNIO DE 1970 LA Vanguardia Española
 Página 27 14 de junio
       El Concilio nos dice así: «No se puede dejar el desarrollo ni al libre juego de las fuerzas económicas ni a la sola decisión de la autoridad pública. A este ' propósito, hay que acusar de falsas tanto las doctrinas que se oponen a las reformas indispensables en nombre de una falsa concepción de la libertad como las que sacrifican los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción». Para un cristiano, es el hombre y su dignidad lo primordial y por ello no puede resignarse ante una situación que le deshumaniza. Por ello mismo lanzamos un grito de aliento a todos los que luchan en esta difícil tarea y proclamamos nuestra esperanza de que sea el hombre y sus valores el que imponga su ritmo a la mar y a la jungla de Intereses que se mueven en ese concreto 'mundo marítimo.
       El marino ausente de la sociedad Es la misma Sociedad la que le da la espalda, siguiendo la corriente simplemente a una realidad; la realidad de que la vida de la mar está también de espaldas a tierra. Pero una Sociedad adulta debe plantearse los problemas y no seguir la corriente... y una sociedad cristiana con más razón aún. Sin embargo ahí están los hechos: Dificultades para relacionarse con sus amistades por la ausencia prolongada, de participar en la vida cultural, en la vida municipal, sindical, política... Un muro implacable que aísla al marino en la mar y hasta en los puertos cercanos a nosotros, pero a muchas millas de distancia de nuestra vida. . Una Sociedad que mira a la mar como poesía y busca su descanso en el litoral español, pero desconoce a esos hombres que viven en la mar... que ignora sus problemas y su situación... Una Sociedad que no facilita esa «presencia» del marino en la vida Cultural, sindical, política... Una Sociedad que vive y se alimenta de la mar y que sin embargo abandona y explota a los que con su ausencia enriquecen a la misma sociedad. No podemos negar ciertos esfuerzos de personas que verdaderamente se preocupan de los marinos, pero no se ha planteado en serio la participación de los marinos en distintos niveles de la misma Sociedad.
       El marino ausente de lo eclesial jurídica y territorialmente el marino pertenece a una parroquia. Todo teoría; parque en la realidad es que el marino pertenece al mar y desgraciadamente no encaja la parroquia en ese mundo. La pastoral de la parroquia alcanza muy justamente a los muelles y los tinglados portuarios que es donde precisamente el marino empieza a vivir La parroquia se plantea muy poco el problema de esos marinos ausentes... La Iglesia ha intentado, a través de marinos militantes y Capellanes del Apostolado del Mar, trabajar en los puertos y en los barcos, dar testimonio de una Iglesia Universal sin distinción de nacionalidades y razas Pero desgraciadamente esta presencia es muy limitada teniendo que reconocer que en el balance general hay que admitir que «I marino es también el gran ausente de la iglesia
     . Los cristianos de tierra desconocemos a nuestros hermanos de la mar. » Este panorama de los hombres del mar nos tiene que llevar a una reflexión profunda en este Día Internacional. Una situación que tiene de ellos los grandes ausentes de la familia, la Sociedad y la Iglesia. ,Este panorama es más bien desalentador y sombrío pero repito que no debemos ser pesimistas (realistas ¿) y que creemos que el cristiano tiene un gran papel en esta renovación y realización del mundo marítimo. De este mundo que hemos marginado, no puede desentenderse. Por eso quiero y deseo vivamente que los cristianos y todos los hombres de buena voluntad de nuestra nación marítima reflexionen seriamente sobre la vida de estos hombres de la mar y los que tienen las responsabilidad directa con este mundo marítimo actúen sin demora para que esa vida sea cada vez más humana y más cristiana.» ,
       Este «Día Internacional del Hombre del mar» que este año se celebra el domingo, catorce de junio, es una ocasión para que públicamente exponga al vivo la preocupación que como Obispo del Mar me produce la indiferencia con que los cristianos marginamos a los hombres del mar (unos cinco millones). El que los cristianos no hayamos sido capaces de acercarnos fraternalmente a1 estos hermanos y abrirnos a sus problemas, es una grave acusación que recojo con todo el peso de la responsabilidad que nos compete a cada uno. A mi concretamente como obispo responsable del mundo marítimo me obliga a lanzar esta llamada que resuene en las conciencias de todos los cristianos y de todos los hombres de buena voluntad. Así nos dice el Concilio a los Obispos: «Téngase una preocupación especial por los fieles que, por su condición de vida, no pueden disfrutar convenientemente del cuidado pastoral ordinario de los párrocos, o carecen totalmente de él, como son muchísimos emigrantes, desterrados, prófugos, marinos»..
.     Quiero compartir esta responsabilidad y preocupación: con los mismos marinos y sus familias; con los capellanes y seglares que trabajan  en el A. M.; con mis hermanos en el Episcopado, sobre todo de las Diócesis costeras; con todas aquellas personas que, relacionadas directa o indirectamente con los marinos, tienen la obligación de trabajar por la promoción de ellos. (España cuenta actualmente con 200.000 pescadores y cincuenta mil marinos mercantes) En el mes de octubre celebramos el 50 aniversario del comienzo de la Obra del Apostolado del Mar en el mundo y preparamos para esa fecha un Documento Pastoral sobre la situación humana y cristiana de los hombres de la mar y que sea para todos una toma de conciencia en esta nación tan marítima y que vive a espaldas de la mar. 

      Los marinos, son unos eternos ausentes. De una  ausencia en la que ni la Sociedad ni la Iglesia, que componemos los cristianos, están libres de culpa. El marino ausente de la familia' El valor supremo para un marino es su familia; por ella vive, por ella se sacrifica, por ella sale a la mar. El ha escogido a su esposa y son muy suyos sus hijos. Es el lazo que le une a tierra. Sin embargo su vida familiar está, truncada por la ausencia. Ausencia de meses y meses con repercusiones psicológicas y morales que no voy a concretar ahora. Cuando esos esposos llegaron al altar hicieron un contrato de vivir juntos, de apoyarse mutuamente, de corresponsabilizarse en la educación de los hijos, etcétera. «La familia es escuela del más rico humanismo. Para que pueda lograr la plenitud de su vida y misión, se requiere un clima de benévola comunicación y unión de propósitos entre los cónyuges y una cuidadosa cooperación de los padres en la educación de los hijos. La activa presencia del padre contribuye a la formación de los hijos»... [Gaudium et Spes). ¿Pero puede la familia marinera cumplir esos compromisos? Tal como está planteada actualmente la vida marítima, creo que no. Lo cual es gravísimo ya que en definitiva es reconocer que toda esta realidad no encaja en el plan de Dios. Sin embargo estamos convencidos de que ésta no es una situación fatalista, un callejón sin salida ante el que hay que resignarse. Somos realistas y sabemos que la mar exige un tributo de sacrificios y de ausencias, lógico... Pero de ahí al truncamiento de las familias y de los hogares hay un abismo. La mar es la mar, pero concretamente en relación con las ausencias y descansos pienso que hay un largo camino que recorrer de progreso y humanización. Claro que para ello habrá que despojarse en primer lugar de fundamentar los conceptos de rentabilidad, beneficios, producción en la que el concepto Hombre quede relegado a un segundo plano
                                                                                         Hemeroteca de la Vanguardia  Stella Maris Tfe


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