viernes, 4 de diciembre de 2015

Como en Emaús

   


Orar en el camino

      El sueño, el cansancio, la tristeza,
se adueñan del ánimo
cuando me abruma el problema,
la dificultad, la pena,
la cruz del camino.
      Sé que estás ahí, Señor.
¿Por qué no se alegra el alma?
Es la lejanía, la ausencia,
la mía, arrastrado por los vientos,
las tormentas que agitan
el mar de mi existir diario,
los sinsabores de cada día.
      Siento el  frío de la soledad.
La fruta del árbol de la ciencia :
razones, sensaciones, sentimientos,
es seductora, pero no alimenta.
Aún la oscuridad que vives,
parece más negra, más densa.
     En la tristeza y el dolor
mi yo se hace gigante,
el otro, desaparece, se ausenta.
Nuestras lágrimas y lamentos,
impiden oir a los que lloran,
ver al que a mi lado está enfermo,
o vive esclavo de tantas cosas...;
sin libertad quizá, en prisión,
padeciendo el  hambre o la sed
de lo que tal vez me sobra
     Sé que estás ahí, repite el alma.
La fe, aún frágil, ligera,
me habla de tu Presencia,
de tu cercanía, de tu paz,
de la luz de tu mirada,
que es fuego, que calienta,
que despierta, que anima
la esperanza, y enciende mi alegría.
      Vuelto a ti,  en la oración,
se hace la luz  adentro
se disipa la niebla,
y mis ojos pueden verte  ya,
por el camino, en el hermano.
JPEDRO MAR

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