martes, 3 de septiembre de 2013

Visitando barcos



TESTIMONIO

       Me llamo Carlos, tengo 55 años, estoy casado y tengo una hija de 16 años. Trabajo como agente técnico comercial en el sector de la climatización.

                    Desde el año 1987 soy voluntario del Apostolado del Mar "Stella Maris", realizando dicho voluntariado los  Sábados por la mañana. Mi labor consiste en visitar los barcos principalmente mercantes que llegan al puerto de Barcelona y, ¿Como visito estos barcos? Pues igual como si fuera de visita a casa de un amigo, al menos esta es la intención que llevo cada vez que empiezo a subir por la escalerilla de acceso al barco, me digo a mi mismo, "Carlos, vas a visitar a unos amigos".

                    Una vez  que me encuentro abordo, lo primero que hago es saludar con  respeto y amigablemente al marino que se encuentra de guardia diciéndole, "hola, soy Carlos del Stella Maris, os vengo a dar  nuestra bienvenida a Barcelona, ¿qué tal ha ido el viaje?, ¿Cómo estás? ...etc. Seguidamente  le  pregunto si puedo acceder al interior del barco con la finalidad de hablar con la tripulación (oficiales,   y marinos) y hacerles una rápida exposición del motivo de mi visita a bordo.

                    Ya dentro del barco en lo que se llama la sala de reunión de la tripulación (mess room) o comedor,  procuro que hayan presentes el mayor número de tripulantes posible y les digo," vengo a visitaros para  invitaros a vuestra casa aquí en Barcelona que es el centro de Stella Maris", El recibimiento el 90% de  las veces es amigable y hospitalario, la mayoría de ellos ya conocen Stella Maris por otros puertos en  que al igual que nosotros han sido también, recibidos con la misma hospitalidad, pero algunos   ellos no  saben aun que es el Apostolado del Mar y muestran gran interés en ello, les extraña muchísimo que alguien suba abordo y les ofrezca algo  sin pedir nada a cambio. Los que nos conocen, saben  que realmente vamos a ofrecerles ayuda, consejo, hospitalidad, escucha a sus inquietudes laborales y espirituales, saben que somos la parte de familia que necesitan cuando están a miles de Kms. de sus  hogares.

                
    Ser visitador de barcos, es darte cuente que eres un verdadero instrumento de Dios al servicio de la gente que trabaja y vive en los barcos, realizando agotadoras jornadas de trabajo muchas veces durísimo y peligroso y en diversas condiciones meterológicas  la mayoría, sobre todo en Invierno con mal tiempo  en el mar . La  sensación de soledad que siente el marino es uno de sus enemigos, y aunque el dicho popular diga que todos están en el mismo barco, generalmente los compañeros   de trabajo suelen ser de distintas nacionalidades, existiendo casos en los que me he encontrado con hasta seis o siete nacionalidades distintas en un mismo barco, siendo también diversas las costumbres y religión entre ellos, El idioma para entenderse mutuamente es el inglés en la casi totalidad mayoría de los casos.

                    Entre ellos existe casi siempre un buen espíritu de camaradería, especialmente se nota en aquellas tripulaciones procedentes de países más humildes (filipinos, indonesios, ghaneses,  hindúes,  senegaleses etc...) y se palpa un profundo ambiente religioso, a pesar de ello, el sentimiento individual  de soledad siempre lo notas  en el marino con el que hablas, su mayor deseo es llegar al próximo puerto para poder hablar con los   familia, amigos, parientes, saber cosas de su casa y país se pregunta "¿Cómo estará mi hijo pequeño que ayer empezó un nuevo curso escolar?¿Y mi madre? ¿La habrán operado ya? en el último puerto que atracamos les envié dinero, aún no se nada, ¿Habrán tenido bastante para pagar todos los gastos de  inicio de curso?, estoy preocupado porque desde hace más de 20 días no he podido hablar con los míos  y me angustia pensar que crean que me he olvidado de ellos.

                    Pues bien, cuando  muchos de ellos se hacen todas estas preguntas que son las comunes, puede que muchos de ellos hayan orado durante el viaje para que  el buen Dios les ayude, claro está que hay de todo, pero la mayoría tienen gran inquietud espiritual. Así que llegan a puerto, y de buenas a primera  aparece un individuo que no han visto en su vida y les  muestra con una sonrisa sincera que les da la bienvenida a Barcelona, y que verdaderamente se muestra dispuesto a ayudarles en todo lo que necesiten y ello está al alcance del centro que les acoge naturalmente. Muchos son los servicios que les ofrecemos, transporte a la ciudad o al Stella Maris, tarjetas telefónicas para que puedan hablar con los suyos si no tienen tiempo de ir a tierra, asesoramiento laboral y jurídico, atención a los casos de marinos enfermos o algún fallecimiento durante el viaje, entretenimiento diverso como la oferta de intercambio de libros, material audiovisual, excursiones a la ciudad, misas abordo de los barcos o en el centro Stella Maris, servicio de internet, etc. etc...Todo ello procurando mostrarles un espíritu cristiano de solidaridad con ellos dándoles a entender de que somos verdaderos amigos y hermanos; que la Iglesia está siempre a su lado  aunque estén lejos de sus comunidades en sus respectivos países de origen, y que  somos un puente de contacto entre ellos y sus familias.

                    Puede que a la gente que vivimos en tierra nos parezca todo esto de poca importancia, pero para ellos es como el oxígeno que necesitan para poder seguir trabajando y viviendo duramente con ánimo en el mar, sobretodo es transmitirles esperanza, darles valor a sus respectivas personas y al importantísimo trabajo que realizan para que los que vivimos en tierra tengamos una mejor calidad de vida. Ellos son personas, no herramientas de trabajo, darles a entender de que no nos importa lo que crean o sean en concreto, que lo importante es que son seres humanos y los valoramos por lo que son.

     Así que, después de muchas visitas a los barcos y de innumerables anécdotas que no quiero detallar para no extenderme más, lo principal que he notado en ellos es en general, agradecimiento por visitarlos, por escucharlos, por ofrecerles desinteresadamente nuestra ayuda, en resumen, por tratarlos  como lo que son seres humanos marineros trabajadores de la mar

        Ellos ven algo diferente en nosotros, notan que a pesar de todo no están solos, pienso que un visitador de barcos ha de ser como un ángel, es decir, (la palabra ángel significa mensajero), un mensajero de Dios, y nosotros hemos de procurar  serlo. Cuando te esfuerzas en intentar serlo, siempre con mucha humildad, sin imponer nada, respetando siempre a todos y abierto a todo menos a lo que perjudica al ser humano, entonces se experimenta una gran paz interior y una alegría dándote cuenta que tienes la suerte se saborear el regalo que te hace Dios de ser también otro trabajad   de su viña, como me dice siempre mi buen amigo veterano también de visitas a barcos José Luís, "mira Carlos, Dios paga siempre al contado".
Carlos Güetas Bilbeny

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