El Apostolado del Mar: algunos de sus momentos históricos
más destacados
El
Apostolado del Mar es la “Obra” de la Iglesia Católica para la atención
pastoral de la gente del mar. El Consejo
Pontificio para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, que lo promueve
y coordina para las diversas categorías de ‘personas en movimiento’, es
responsable de la dirección global del A.M. (SM, XIII, 1). Este Consejo de la
Curia Romana participa de la solicitud del Obispo de Roma por todas las
iglesias, concretamente en la pastoral y en la promoción humana de los
migrantes, refugiados, desplazados, estudiantes extranjeros, personal de
aviación y viajeros, nómadas y transeúntes de toda clase, así como de todo el
personal marítimo que incluye marinos/pescadores, comunidades pesqueras,
pequeñas y tradicionales, de tierra, los que trabajan en plataformas
petrolíferas, los jubilados, los estudiantes de los institutos náuticos y los
que trabajan en los puertos[. Este cuidado pastoral también incluye los
cónyuges, los hijos y las familias de los marinos/pescadores, y ahora se está
extendiendo a los barcos de cruceros y a los dueños de embarcaciones
deportivas, pasajeros y personal embarcado.
A pesar del hecho de que, antes de 1900, diversas “Misiones de Marinos”
católicas funcionaban bajo diferentes patrocinios, ofreciendo bienestar
espiritual, social y material a las tripulaciones que visitaban los puertos de
Londres, de Bootle, de Montreal, de Nueva York, de Nueva Orleáns y de Sydney, no fue hasta principios de 1920 que
la labor del Apostolado del Mar Internacional, tal y como la conocemos hoy día,
recibió una aprobación formal. Antes del "Apostolatus
Maris" hay que mencionar instituciones de pastoral marítima tales como la "Societas
Apostolatus Catholici" (palotinos) y la "St. Raphaelverein"(Peter
Paul Cahensly 1871) de
Alemania
Por su parte, en Francia, los
Agustinos de la Asunción habían fundado, en diciembre de 1894, la “Société des Oeuvres
de Mer” con el propósito de brindar asistencia médica, material,
moral y religiosa a los marinos franceses, así como a los de otras naciones,
sobre todo a aquellos que cooperaban en las industrias pesqueras de alta mar de
Islandia, en los Bancos de Terranova y en las Islas Faroes. Además, a finales
de 1890, en muchos puertos de Bretaña, los miembros de la
Sociedad de San Vicente de Paúl habían inaugurado un programa formal de
visitas a los barcos.